—Un brindis para celebrar que al hombre aquí le soltaron la correa —Edo alzó su copa y Felipe lo imitó.
Andy los miraba de mala gana.
—Nadie me soltó nada. Son otros los que deben estar acostumbrados a que sus parejas los tengan de las bolas y por eso se proyectan en mí.
—¡No te habíamos visto en semanas! —replicó Edo.
—Porque alguien quería matar a mi novia, ¿esperabas que la dejara sola?
—Sí —intervino Felipe—, y que de paso te fueras del país y cambiaras el nombre. Ojalá y yo también lo