El robo del teléfono había quedado descartado; Sofi no iba a traumatizar a su hermanita. Debía ser un trabajo limpio, metódico, sin rastros. Necesitaban a un profesional.
Paolo se presentó en la oficina del jefe algo nervioso. El departamento de soporte estaba en el piso menos uno. Era prácticamente un sótano y nadie iba por ahí, salvo las ratas, que eran ellos mismos. Como ratas, iban a las oficinas cuando los demás se habían ido para realizar el mantenimiento y otras tareas por el estilo.
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