—Cami, ¿tienes un momento? —preguntó Sofi tras llamar a la puerta de la habitación de su hermana.
—No, debo estudiar para un examen.
Sofi entró de todos modos.
—Si no quieres que le diga a nuestros padres lo de anoche, será mejor que me des una buena explicación. Adelante, te escucho —se sentó en la cama con los brazos cruzados.
Cami dejó de escribir e inhaló profundamente antes de hablar.
—Cuando todos los demás hacen algo, a nadie le importa, pero si lo hago yo, es un escándalo. No soy perfecta, tengo derecho a equivocarme y a experimentar. Quiero descubrir el mundo por mí misma, eso es lo que hacía, nada más. Se le dice «empirismo», aprender a partir de la experiencia.
—¿Y ese empirismo incluye el consumo de drogas?
Cami rodó los ojos.
—No, no consumo drogas. Y solo tenía un cigarrillo entre los dedos, no estaba fumando. Tú te disfrazas para divertirte, hasta nuestros padres lo hacen. Yo estaba disfrazada, ¿lo entiendes?
—Algo así. ¿Entonces todo está bien?
—Lo está. Esto