—Y sí, ser padre es lo mejor del mundo —decía Vlad—. No saben de lo que se pierden.
Bien temprano en la mañana había escapado... había ido de visita a casa de Evan, su mejor amigo, su compañero de vida. Lo quería mucho, a él y a su molesta novia Mika, que ya hasta le caía mejor.
Sofi, como llamaban a su hija, tenía ya dos semanas de vida, las dos semanas más intensas luego de que se sanara de la amnesia.
—En ese entonces, despertarme por las pesadillas era una bendición —agregó Vlad.
Tenía l