—¿Quién es la niña más hermosa del mundo? —preguntaba Vlad, meciendo a la bebé.
Luego de dos meses la criatura había dejado de parecer un murciélago y tenía una apariencia más que aceptable para sus estándares.
—Es mucho más bella que Caleb y los gemelos —agregó.
Y no sólo eso, sus horarios de sueño se habían regularizado permitiéndoles un descanso reparador por las noches.
—Y de seguro será una genia, me mira como si entendiera absolutamente todo lo que digo. ¿No es así, ardillita?
Sofi le