—¡Atención todos! Quiero hacer un brindis por mi hija y su esposo —dijo Augusto, con una sonrisa radiante y el pecho inflado de orgullo—. Como todos saben, Majo y yo no tuvimos más hijos —dijo él, mirando a una emocionada Sam—. No habríamos aguantado a otra como ella.
Todos rieron, menos Sam, que hizo un puchero.
—Probablemente yo estaría calvo, Majo obesa y los hoteles en la ruina.
Nuevas risas.
—Lo importante es que, pese a las dificultades, a nuestros errores y/o malas decisiones, nuestra