Vlad se puso un poco de crema hidratante en las manos y empezó a esparcirla en el suculento muslo de Sam. Para mayor facilidad, se había acomodado la pierna en su hombro, así estaba a su entera disposición y tenía una vista privilegiada de su esposa tendida en la cama.
—¡Qué rico masaje, Vlad!
—¿Hay algo que yo te haga y que no sea rico? —se cuestionó con humildad—. Creo que no y ya no tengo problemas de memoria.
—En eso estoy de acuerdo contigo, amor.
—Lo mismo aplica para ti, Sam. El credito n