Las luces de la cubierta del barco se apagaron; ya solo era una masa negra en mitad del mar con algunas ventanas iluminadas. Algunas, no muchas.
—De verdad, ¿no podemos ir algo más rápido?
Miré cómo el hombre a los mandos aumentaba apenas la potencia. El ruido aumentó, pero aún era casi imperceptible. Durante unos segundos pareció que nos adelantábamos al resto, pero las otras lanchas aumentaron también la velocidad y recuperaron la formación.
Por el auricular, Karem continuaba.
—Lo siento, señ