Julia se tapó la boca con la mano. Dejé escapar el aire de mis pulmones con lentitud antes de girarme despacio. Era como si ver a la persona dueña de esa voz confirmara mis peores pensamientos.
Mi mente gritaba una sola cosa: “Que no sea él. Que haya escuchado mal su voz.” Para mi desgracia, al mirarlo, ahí estaba él. Sus ojos grisáceos clavados en mí con su habitual mirada fría. Su sonrisa de "tengo todo bajo control". Su traje, impecable.
—¿Qué...? ¿Qué haces aquí? —Tartamudeé sin com