Por la noche, ya de vuelta en su estudio, papá seguía terco con su idea de que yo me había escapado.
Para confirmar su hipótesis y dar conmigo, hasta se puso a revisar él mismo las cámaras de seguridad de la casa.
En la mansión no hay cámaras adentro de los cuartos, pero afuera están por todos lados, no se escapa ni una esquina. Todo lo que entra o sale queda grabado.
Las grabaciones eran claras: el día que me encerraron en el cuarto, no volví a salir jamás.
—¡Eso no puede ser!
Papá no lo acepta