El corazón del guardaespaldas: 5. No debería hacer esto… y la besó
Fue consciente de que despertaba la mañana del siguiente día con las costillas pegadas a la espalda y un dolor de cabeza terrible que estaba seguro se lo llevarían los mil demonios por la mala postura. Y si bien era de verdad un hombre con humor un poco de perros, ese día no lo sería, no al saber que cuando decidiera abrir los ojos e incorporarse, esa chiquilla estaría allí, detrás de la puerta, dormida en su cama.
Se desperezó entre quejas y maldiciones ahogadas, luego oteó el reloj y descubri