El corazón del guardaespaldas: 4. Preocupado por esa rubia
Se terminó de secar el cabello con una toalla y se acercó despacio; quería hacer el mínimo ruido. La estudió más de cerca y tocó su pulso, era débil, pero respiraba, y es que con lo delgada que de verdad era no estaba seguro de que se hubiese quedado dormida o desmayado por lo poco que comía.
¿Cuánto debía pesar? ¿40 kilos? ¿Quizás menos? Podría ser.
Sacudió la cabeza y dejó de pensar en tonterías. No estaba bien hacerlo y mucho menos tenía derecho a opinar sobre su cuerpo o su peso.
Oteó el te