El corazón del guardaespaldas: 21. Necesito tomarte, aquí y ahora
Tan pronto se alejaron del ruido de la música y ahora eran solo ellos dos, en la acera, Leonardo no soportó un segundo más lejos de la boca de esa chiquilla y la besó, saboreando su espíritu, su propia esencia.
La rubia, al sentirlo pegada a ella de esa forma, pestañeó aturdida; sin embargo, también ansiaba probarlo, así que se levantó sobre sus puntillas e introdujo su lengua sabor cereza en su cavidad con una timidez que a él le pareció por demás increíble.
Al ser bien recibido, se aferró a s