El corazón del guardaespaldas: 22. Enamorado
Las semanas pasaron sin que alguno de los dos pudiera notarlo, inmersos en su burbuja, en ese mundo que habían creado juntos.
Ella se quedaba en su apartamento con más frecuencia, cinco veces a la semana, y él, por su parte, adoraba tenerla por allí, deambulando con solo un camisón y ropa interior por demás tierna, engullendo o picoteando cualquier cosa que compraba para ambos.
Ara se sentía cada vez más feliz a su lado; amada, cuidada y respetada. Y es que él la llevaba flotando a diario en un