El corazón del guardaespaldas: 13. Voy a reconciliarnos con un beso
— Ara, escucha… — la tomó de la cintura apenas cruzó la puerta del restaurante y la hizo girarse para así poder ver esas lagunas azules. Se acababa de comportar como un idiota con ella y necesitaba desesperadamente enmendar su error.
— Quiero irme a casa — musitó ella, indiferente, intentando esquivarlo sin resultado, pues él la tenía firmemente pegada a su torso.
— Lo sé, pero hablaremos antes — decidió, luego, sin darle oportunidad a nada, la arrastró hasta el auto y allí la miró de nuevo — M