El corazón del guardaespaldas: 12. Era un imbécil
Ara entró a cada una de sus clases sin poder concentrarse del todo. Todavía podía evocar sus labios sobre los suyos, besándola de una forma única; Dios, nunca nadie volvería a besarla ni mucho menos tocarla de la forma en la que él lo hacía, y es que si cerraba los ojos, podía rápidamente transportarse al momento en el que se entregaba como suya.
No tenía ni la menor idea de cómo él lo lograba; sin embargo, le gustaba, le gustaba muchísimo como la hacía sentir.
Sonrió tímidamente, anhelando rep