El corazón del guardaespaldas: 11. Tienes un novio millonario
Mierd4, realmente lo había hecho.
Esa rubia acababa de ser deliciosamente suya y no existía ni siquiera un gramo de arrepentimiento en él. ¿Y ahora… qué diablos se suponía que debía hacer?
Asumir como un hombre las consecuencias de sus actos, eso era lo único sensato por hacer, además, esa chiquilla se le acababa de meter bajo la piel y no había modo de que pudiera resistirse a eso; quería volver a repetir con ella, sí, la quería otra vez gimiendo bajo su cuerpo, sollozando de placer.
Llegó a l