40. Celos, cuidados y cariño
Tenía que ser una puta broma.
Diablos, tenía que serlo, pero no, él estaba allí, ja, por supuesto que lo estaba… y para colmo, era él quien iba a recibirla.
— Emilio — saludó su primo, serio, ataviado en ese profesionalismo que tanto le caracterizaba.
— Fabio — gruñó el aludido, pegando más a su cuerpo a esa jovencita que se quejaba del dolor débilmente.
— ¿Qué ha pasado? — preguntó en seguida, sin regodeos, con una mínima seña indicó a los enfermos que buscaran una camilla y allí la tendieran,