18. Emilio Romano Arcuri
Lo ocurrido en esa cocina no había podido desequilibrarlo más.
Se sentía enojado, si, enojado con ella, consigo mismo.
«Maldita mujer…»
Irritado, y con una excitación pasmada dentro de su pantalón, se frotó el rostro y bebió del trago que le había servido aquella joven camarera detrás de la barra, y a la que siquiera prestó atención cuando intentó seducirle con una insinuante sonrisa.
Toda su atención estaba lejos de allí, en realidad, estaba en su departamento, en una mujer con un estúpido pij