12. Helados, risas y un pellizco de celos
Recorrieron un par de calles en el auto, conociendo, explorando, pues aquella jovencita de ojos de almendra y boquita de corazón se asombraba con cada esquina, puestito y avenida; Emilio sonrió, satisfecho, sintiendo como un pequeño aguijonazo le sacudía el pecho.
Dios, se percibía a sí mismo como un idiota contemplándola la mayor parte del tiempo, debía parar, así que sacó su móvil y se dignó a responder un par de correos pendientes y contestar una que otra llamada con socios y posibles invers