Ryan llega a una casa grande, rodeada por un hermoso jardín donde un enorme árbol se yergue a su derecha y le da sombra a gran parte del patio y al frente de la vivienda.
—¿Ryan? —espeta Arel sorprendido—. ¿Sucede algo?
El chico respira hondo y se frota las manos en los muslos, para secarse el sudor con el pantalón de vaquero.
—No... —Se relame los labios—. Sé que es raro que yo los visite por mi cuenta, pero vine por cuestión de negocios.
—Oh... —Arel lo mira con intriga—. ¿Qué tipo de negocios