Me quedé de pie junto al ventanal de la habitación de hotel donde me hospedaba temporalmente, mirando hacia la calle. El cristal frío contra mi frente no lograba calmar la hoguera que me ardía por dentro.
Durante años me convencí a mí misma de que había cambiado. En mi juventud fui una mujer impulsiva, orgullosa y vengativa, de las que no se dejaban pisotear por nada ni por nadie. Creí ingenuamente que esa versión oscura de mí había quedado enterrada en el pasado, pulida por los años y por la