La melodía del vals envolvía la pista de baile, pero para mí, el aire se había vuelto denso, casi imposible de respirar. La mano de Noah en mi cintura se sentía firme, demasiado cálida contra la brisa fresca que se filtraba por los ventanales. Intenté mantener la postura de la anfitriona perfecta, pero la cercanía del hombre de veintitrés años que ahora me sostenía me aterraba. Todo en él me recordaba a esa noche en Madrid.—No deberías decir cosas así, Noah —le dije, forzando una sonrisa ligera y tratando de sonar firme. Mi tono delató los nervios que hacían que mi corazón martillara desbocado—. Lo que pasó en el pasado fue un error. Ahora estoy a punto de casarme con tu padre y seré, oficialmente, parte de tu familia.Noah detuvo sutilmente su avance en la pista, obligándome a parar con él. Sus ojos verdes, oscuros y penetrantes bajo las luces de la gala, me barrieron con una intensidad que me dejó un vacío repentino en el estómago.—Ambos sabemos que no fue un error, Olivia —respon
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