Por un motivo que desconocía me puse tan roja de la rabia que Jesse se asustó al pensar que la presión se me había subido, mis ojos se volvieron a aguar y en esta ocasión lloré muy fuerte.
— ¡No, no, no! No quiero que llores — Jesse intentó limpiarme pero lo mordí en la mano — ouch, eso dolió mucho Alexa. No te pongas así que todo se puede resolver hablando.
— Me dijiste eso porque no quieres que engordé, di que tienes gordofobia y vete de aquí — mis manos limpiaban mi rostro — te detesto Jesse