Sin palabras

La villa dormía, pero Elena no podía.

Después de descubrir su propio retrato en manos de Doménica —pintado años atrás, cada pincelada revelando que la abuela había visto en ella algo que nadie más veía—, Elena subió a la habitación principal con los papeles de Adrián aún en su bolso. Las pruebas de que su cuerpo le había mentido durante ocho años.

Estaba de espald

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