Mundo ficciónIniciar sesiónJulián no pidió permiso. No necesitaba hacerlo. Elena lo había invitado con los ojos, con esa forma de mirarlo en la oscuridad que decía más que cualquier palabra, y él avanzó sin dudar.
La puerta se cerró detrás de él con un clic que resonó en el pecho de ambos.
Elena no se cubrió. Siguió tal como la había visto: desnuda, todavía ruborizada, con los ojos oscuros reflejando l







