Elena entró en la mansión con paso firme.
Sabía que Julián estaba allí. Lo sintió antes de verlo, de pie junto a la ventana, con la misma ropa del día anterior y una expresión que ella conocía demasiado bien.
Otras veces se habría detenido. Habría discutido, se habría defendido, habría intentado explicar algo que ya no tenía sentido explicar.
Esa mañana, no.
Pasó frente a él sin bajar el ritmo.
No lo miró. No dijo nada. Simplemente cruzó el recibidor y se dirigió hacia las escaleras.
Elena sabí