Adrián la esperaba en el mismo lugar. La cafetería de terreno neutral, la mesa del fondo, dos tazas de café que se enfriaban sin que nadie las tocara. Elena llegó con el abrigo aún puesto, como si no planeara quedarse.
Se sentó. No se quitó los guantes.
—¿Qué irregularidad? —Elena no tuvo paciencia para prólogos.
Adrián no abrió la carpeta de inmediato. La miró primero, de esa manera que ella había empezado a reconocer: como si estuviera memorizando algo que pronto no podría ver.
—Doménica ord