Julián no podía apartar la vista de la pantalla del teléfono.
La imagen se había grabado en su retina. Adrián y Elena, tan cerca que el aire entre ellos parecía haberse evaporado. La mano de él suspendida junto a su mejilla. La expresión de ella, esa ternura que Julián había intentado despertar sin éxito, ahora regalada a su mejor amigo.
Se sentía como un imbécil.
Un estúpido ciego que había tenido a la mujer más extraordinaria del mundo durmiendo a su lado y nunca supo verla. Que la trató como