—¿Dinero? —balbuceó Amelia, desconcertada—. ¿De qué dinero estás hablando? ¿Tienes problemas de audición? Es que acaso no acabas de escuchar que no voy a aceptar el trabajo. No podría hacerlo sin ver a tu prometida y sentirme tentada a contarle lo que sucedió para que sepa la clase de hombre con el que va a casarse.
—Y esa es la razón de todo esto ¿verdad? —dijo Dimitri con indiferencia—. Averiguaste quién soy y cuanto dinero tengo en mi cuenta. Cuando descubriste que me iba a casar, elaborast