Amelia soltó un suspiro lleno de frustración. Estaba al borde de la quiebra. Tenía que pagar el alquiler del local, los servicios y el sueldo de su ayudante. Y luego estaban los gastos en casa.
Si usaba el poco dinero que aún le quedaba en su cuenta de ahorros, podría cubrir los gastos; pero entonces se quedaría sin nada. No importa cómo hiciera las cuentas, si no conseguía un contrato la próxima semana, estaría perdida. Si tan solo conseguir un cliente fuera tan simple como salir a la calle