—¿Estás lista para irnos? —preguntó Sergey.
—Iré al tocador primero.
Él asintió y Lily se puso de pie. Tomó su bolso y se dirigió hacia el fondo del restaurante.
Se encerró en uno de los cubículos y salió un momento después. El tocador estaba vacío; la mujer que había encontrado frente al espejo ya se había ido.
Se acercó al lavamanos, se lavó las manos y rebuscó el labial en su bolso. Estaba retocándose los labios cuando la puerta se abrió. No le prestó atención hasta que escuchó la voz de qu