Sergey se disculpó para atender una llamada, pero antes de marcharse se inclinó para besarla en los labios. Lily no pudo evitar sonreír como una tonta y seguirlo con la mirada hasta que desapareció.
Cuando volvió la vista al frente, descubrió a su madre observándola fijamente. Sin embargo, no hizo ningún comentario al respecto.
—¿Puedes pasarme la sal?
—El desayuno ya tiene suficiente sal.
Su madre esperó con la mano extendida y Lily no tuvo más remedio que dársela.
—Tenemos que ir al doctor p