El cambio en la voz de Sergey hizo que Lily se girara hacia él. El tono juguetón había desaparecido, sustituido por otro más ronco y profundo. Al encontrarse con su mirada, descubrió la sorpresa reflejada en su rostro.
—Te dije que... —comenzó.
Y solo entonces fue consciente de lo que acababa de decir.
«Te amo».
El sonido del ascensor llegó como un salvavidas.
¿Cómo demonios había soltado aquella confesión así?
—Vamos, me muero de hambre.
Lily aprovechó que las puertas comenzaban a abrirse para