Lily parpadeó, saliendo de su ensimismamiento, y levantó la vista de su computadora al darse cuenta de que, de un momento a otro, un silencio abismal se había apoderado de la oficina. No tardó en descubrir el motivo.
Sergey avanzaba entre las mesas con la seguridad de quien estaba completamente en su territorio. Caminaba con una elegancia relajada que lo hacía ver condenadamente sexy.
Lily se obligó a dejar de devorarlo con la mirada y a prestar más atención a la expresión en su rostro. Él la o