Amelia estiró el brazo y tanteó el velador en busca de su celular para apagar la alarma que sonaba con insistencia. Después de hacerlo, se dio la vuelta y miró el espacio vacío a su lado. No había sentido en qué momento Dimitri se había levantado.
Sus ojos se posaron en la puerta del baño al escucharla abrirse. Su mirada recorrió el cuerpo de su esposo sin el menor disimulo.
Aquella palabra todavía le resultaba extraña. Aún no se acostumbraba a pensar que estaba casada.
Dimitri solo llevaba una