Amelia apartó las sábanas a un lado, dispuesta a levantarse. Dimitri no pasó por alto la expresión en su rostro… y no le gustó en absoluto. No pensaba dejarla marcharse sin aclarar lo ocurrido, eso solo podría crear distancia entre ellos.
En un movimiento rápido, se interpuso en su camino y quedó a horcajadas sobre sus piernas, impidiéndole avanzar. Tomó su rostro entre ambas manos y capturó sus labios en un beso frenético, cargado de urgencia.
—Te amo —susurró contra su boca.
Amelia guardó si