PUNTO DE VISTA DE ELENA
Tres días después de instalarme en el ático de los Thorne, ya había establecido una rutina.
A las seis y cuarenta y cinco, mi cuerpo me despertaba antes de que sonara la alarma. A las seis y cincuenta, las náuseas llegaban como una visita cortés pero inoportuna que sabía exactamente cuándo empezaban las visitas.
A las siete, encontraba el té de jengibre ya preparado en la encimera de la cocina, una taza humeante, junto a un platito de galletas y la fruta que hubieran tra