PUNTO DE VISTA DE ELENA
Desperté en el silencio. No era el silencio al que me había acostumbrado en mi estudio de la calle 42, ese silencio tenue y frágil que se veía constantemente interrumpido por el crujido de las tuberías en las paredes, el paseo matutino del vecino de arriba y el lejano chillido de las bocinas de los taxis que se filtraba a través del cristal. Este silencio era diferente. Era el silencio del dinero, del espacio y de un mundo aislado de todo lo ordinario.
Me quedé quieta un