PUNTO DE VISTA DE ELENAEl interior de terciopelo del Maybach olía a cuero caro y a la colonia de Julian. Me pegué al otro lado del asiento, con las manos entrelazadas en mi regazo. El vestido de seda azul medianoche que Julian me había dado se me pegaba como una segunda piel. Era demasiado revelador y casi idéntico al vestido del baile de máscaras. Cada vez que el coche giraba en una esquina, la tela susurra contra mi piel, trayendo recuerdos de aquella noche. Julian estaba sentado en la sombra. Su tableta proyectaba un brillo pálido sobre sus afilados rasgos. No había dicho ni una sola palabra desde que salimos de la oficina. "Estás conteniendo la respiración, señorita Ross", dijo de repente, sin molestarse en levantar la vista. "Si te desmayas en la alfombra roja, dañar mi reputación". "No estoy acostumbrada a ser tu acompañante, señor Thorne". Mi voz salió más tensa de lo que pretendía. "No eres mi cita", corrigió Julian, girando finalmente la cabeza. Esos ojos gris acero me rec
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