Katerina no puede evitar mirarlo y quedarse hipnotizada con sus ojos esmeralda. Ahora que lo analiza sin prejuicios, le es posible ver la dulzura en ellos, la transparencia de su alma y lo bello que es su corazón.
¿Cómo se atrevió a pensar que él provenía del mal? ¿Por qué creyó que su encanto era una trampa diabólica que terminaría destruyéndola?
La realidad es que, con él, recordó lo que es la verdadera alegría, una risa libre y con ganas, y la calidez de sentirse especial para alguien.
—¿No