Una noche apasionada.
Michael sintió que la cabeza le estallaba. Se levantó del suelo del baño con dificultad, apoyándose en el lavamanos. El agua fría que se echó en la cara fue un latigazo que lo devolvió parcialmente a la realidad. Miró su reflejo en el espejo: ojos enrojecidos, respiración agitada, una confusión que no lograba disipar.
Es ella. Es Aysel.
Pero incluso ahora, con el agua escurriéndole por la barbilla, dudaba. ¿Era real o solo un espejismo fabricado por el alcohol y los años de nostalgia? Sacudió l