El frío del apartamento lo golpea fuertemente cuando cruza el umbral de la puerta. Tintín salió corriendo desde el salón, moviendo la cola con frenesí, dando pequeños saltos para alcanzar sus piernas. Michael se agachó y le acarició la cabeza, sintiendo su calidez.
—Hola, Tintín —dijo mientras acariciaba su rostro, con una forma un poco melancólica.
Tintín ladró suavemente, como si entendiera sus sentimientos. Michael sonrió con amargura. Tintín había sido un regalo de Aysel, mucho antes de que