La tensión entre Ricardo y Matías era palpable, especialmente para Matías. Después de escuchar a su padre sobre volver a ciudad A, reflexionar sobre la llegada de Michael, la propuesta y toda la vida que había construido allí, su cabeza era un ocho. Un nudo de preguntas, miedos y lealtades encontradas.
Mientras caminaba por los pasillos del internado, se encontró con uno de sus amigos, quien le lanzó un balón de baloncesto.
—¿En qué tanto piensas? —preguntó su amigo, tratando de descifrar su m