Mabel
Me siento mareada y malditamente húmeda, camino con rapidez, subo las escaleras con la mirada cristalizada y el corazón palpitando a mil por hora, al punto que mis oídos zumban:
Su advertencia no causó el efecto que él deseaba, más que miedo, siento ansias de algo que no debería ni siquiera pensar, pero mi mente se encuentra nublada y mi ser embriagado como consecuencia de esa cercanía tan salvaje.
Giró el pomo de mi habitación con manos temblorosas y al cerrarse detrás de mí, respiro con dificultad.
Esa forma en que su cuerpo presiono el mío, su olor, su tono de voz amenazante, oscuro y varonil. Jadeo pérdida y esa forma en que me sostuvo, en cómo me amenazó con matarme y esa forma en que miro.
Estoy temblando, pero no es miedo, es adrenalina o locura. No sé cuál de las dos está ganándome.
Mis piernas tiemblan.
Camino hacia la cama y me dejo caer, apretando los muslos, no puedo pensar, no puedo respirar sin que la imagen de él me golpee con fuerza.
Intentó negar lo obvio, pero