Javier sintió un nudo en el estómago. Las palabras de su padre resonaban con una frialdad escalofriante. La magnitud de lo que estaba en juego comenzaba a hacerse palpable. No se trataba solo de un secuestro y un cofre antiguo; había secretos profundos y poderosos intereses en juego.
—No puedo hacer eso, padre —respondió Javier con firmeza, a pesar del temor que comenzaba a sentir—. Valentina es mi amiga. Lo que le hicieron fue terrible, y no voy a darle la espalda. Y si ese cofre contiene algo