El silencio en el comedor era ahora opresivo, cargado de incredulidad y una creciente sensación de terror. La alegría de hacía unos momentos se había desvanecido por completo, reemplazada por la sombra de una verdad mucho más siniestra de lo que jamás hubieran imaginado.
Elena tomó una respiración profunda y miró directamente a la madre de Javier. —Señora, su padre quería la muerte de su hijo... no murió cuando nació como se creía.
Elena tomó una respiración profunda y miró directamente a la