Samantha
Tres meses después....
El olor a café recién hecho llena la cocina de Cristian. Es temprano, demasiado temprano para alguien que no durmió bien, pero desde que estoy aquí y a Cristian le dieron el alta del hospital, mis horarios dejaron de existir.
Ahora todo gira en torno a pastillas, alarmas, reposo y ese molesto pitido imaginario que mi cerebro aún asocia a las máquinas del hospital. Un eco que aparece sin permiso y me recuerda el episodio en el que vi morir al infeliz de Arturo. J