Samantha
Esto es el colmo. Hace un rato veníamos tan bien: Cristian y yo íbamos agarrados de las manos, riéndonos de los chistes malos de Will, cantando a todo pulmón cualquier cosa que sonara en la radio. Era como si viajáramos en un circo ambulante. Pero ahora... ahora esto parece un funeral. Literal. Todos vamos en silencio, como si alguien se hubiera muerto, y la incomodidad es casi palpable en el aire.
Finalmente, llegamos a la playa. Will estaciona la camioneta con cuidado, pero yo soy la