Samantha.
Al girarme, ahí está: un muchacho joven, que no parece el típico idiota que haría algo así. Se ve de mi edad, y su expresión mezcla sorpresa y nerviosismo.
No puedo creer el descaro.
—Hola, tienes un lindo trasero… —empieza a decir, pero no lo dejo terminar. Mi mano vuela directo a su nariz con toda mi fuerza.
Escucho a varias personas acercarse, murmurando sorprendidas. Antes de que pueda reaccionar, aparece Cristian. No sé en qué momento llegó, pero lo veo abalanzarse sobre el tipo